domingo, 27 de mayo de 2012

Tú, yo y tu ego

Eres como una fortaleza.
En la primera capa, hay un muro enorme y muy alto adornado con alambre de espino electrificado, por eso, pocos, muy pocos se acercan. Algunos intrépidos, en cambio, vencen sus miedos y prejuicios y se acercan un poco más. Sin embargo, sólo los más valientes y astutos son capaces de ver las pocas puertas que tú misma vas colocando para permitirles pasar. Ellos, muy seguros a la vez que ingenuos creen que tras la primera puerta se acaba todo, que todo aquello es mera fachada. Una vez dentro, contra todo pronóstico, se encuentran con un laberinto lleno de trampas y cepos. No porque quieras hacerles daño, sino porque tienes un interior tan frágil como el cristal que se rompe al mínimo golpe, al mínimo descuido.
Algunos no logran avanzar, se quedan en el laberinto, decidiendo qué camino elegir, preguntándose por qué cosa u otra se topan con un callejón sin salida, una puerta blindada... o por qué, de repente, una trampa mortal cae sobre ellos, dejándoles prisioneros, impidiéndoles avanzar.
No quieres a tus iguales cerca, ellos tienen esa fuerza titánica, que tú posees, para derribarte en pleno laberinto. Conocen tus trampas, saben esquivarlas. Pero, una vez más, tú, previsora, te adelantas a los acontecimientos. Colocas la acertada trampa mortal que hace que se detengan.
Y, por último, están aquellos que van con paciencia. Desencriptándote, leyéndote entre líneas. Resolviendo los acertijos que vas colocando y que son más difíciles según se acercan al corazón del laberinto, un mundo onírico al que nadie ha podido, aún, llegar. Y sólo ellos, aquellos que tienen la suficiente paciencia para saber llevarte, para saber manejarte, logran llegar a la meta.
No es un camino fácil, sin duda, y sé que todavía me queda mucho por recorrer, pero creo que me complementas de una forma distinta, nueva.
Voy a por mi recompensa.

jueves, 17 de mayo de 2012

La noche eterna. Los días no vividos.

Se había pasado toda su vida pensando en universos paralelos, en las múltiples posibilidades que se habían cruzado en su camino, en lo que podría haber sido y nunca fue. En definitiva, en todo aquello que no había pasado o no había alcanzado por el simple hecho de que había decidido coger otra ruta, otra bifurcación de entre las miles de encrucijadas que habían ido trazando y perfilando su vida.
Tal era así, que llegado el día en el que todo llegaba a su fin, aquella tarde de frío invierno, se dio cuenta de que se había olvidado de vivir...
Y el tren de su monótona existencia llegó inevitablemente a su destino.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Vidas cruzadas


Le llamaban Miss Cafeína y todos se derretían ante ella. Eran sus andares, sensuales y compasados, los que hipnotizaban a los que paraban siempre en aquella recóndita taberna a las afueras de la ciudad.
Aquellos andares... Sí, eran como aquel canto de sirena del que los marineros se quedaban prendados. Era algo así. Pero en cambio, para él era distinto. Era su mirada, una mirada penetrante de aquellas que no se pueden descifrar. 
Sin duda aquella mujer podría considerarse toda una femme fatale, pero aquellos andares hipnóticos no eran más que una fachada tras la que se escondía un mundo enteramente suyo. Él lo sabía. 
Había algo tras aquella mirada, pero por muchas veces que hubiese hablado con ella... seguía en el mismo punto. Para saltar aquel muro que, seguramente, había construído para protegerse de las desavenencias, habría que desencriptar el código.
Si quería algo de ella, tendría que ganárselo pedacito a pedacito, cuidando cada movimiento... Sabía que cualquier paso en falso podría convertir el muro en algo infranqueable. Tendría que atraparla con las defensas bajas, no alerta, como acostumbraba a estar. 
Mucha teoría, poca práctica.
A lo largo de los años, había ido creando un plan, el plan perfecto, y había llegado el día de ponerlo en marcha. 
Llegó a la taberna y se encontró con que estaba cerrada. Se maldijo a sí mismo una y otra vez, pero aún así decidió volver al día siguiente. 
Pasados unos meses, tiró la toalla. 
¿Por qué en el momento en el que lo tenía tan cerca, todo se desvaneció? Tenía la respuesta, la misma de siempre. Sí, todo tenía sentido en su cabeza, pero al querer mostrarlo al exterior, siempre se había encontrado obstáculos, las mismas trabas que él mismo se ponía. Otra vez había dejado pasar su tren. 
Ella se había percatado del plan de ataque y, presa del miedo, emprendió rumbo a otro lugar.
-Me he expuesto demasiado -se dijo, la misma noche en que aquella ciudad y el recuerdo de él se desvanecían en el difuso mapa de su vida.

martes, 8 de mayo de 2012

Buh


A mí siempre me han dado miedo los bosques, las luces apagadas, los fantasmas, el mar, decir las cosas, perderte, los bichos, las escaleras de mi portal, mi habitación a oscuras, estar completamente sola...
Y no por eso soy menos valiente.
Puedo aparentar muchas cosas y puede que llegues a creer que me conoces, pero en tres segundos creo un muro y te alejo, me alejo. Y corto los hilos y me escabullo, huyo... Y cuando quieres darte cuenta, ya estoy lejos.