miércoles, 9 de mayo de 2012

Vidas cruzadas


Le llamaban Miss Cafeína y todos se derretían ante ella. Eran sus andares, sensuales y compasados, los que hipnotizaban a los que paraban siempre en aquella recóndita taberna a las afueras de la ciudad.
Aquellos andares... Sí, eran como aquel canto de sirena del que los marineros se quedaban prendados. Era algo así. Pero en cambio, para él era distinto. Era su mirada, una mirada penetrante de aquellas que no se pueden descifrar. 
Sin duda aquella mujer podría considerarse toda una femme fatale, pero aquellos andares hipnóticos no eran más que una fachada tras la que se escondía un mundo enteramente suyo. Él lo sabía. 
Había algo tras aquella mirada, pero por muchas veces que hubiese hablado con ella... seguía en el mismo punto. Para saltar aquel muro que, seguramente, había construído para protegerse de las desavenencias, habría que desencriptar el código.
Si quería algo de ella, tendría que ganárselo pedacito a pedacito, cuidando cada movimiento... Sabía que cualquier paso en falso podría convertir el muro en algo infranqueable. Tendría que atraparla con las defensas bajas, no alerta, como acostumbraba a estar. 
Mucha teoría, poca práctica.
A lo largo de los años, había ido creando un plan, el plan perfecto, y había llegado el día de ponerlo en marcha. 
Llegó a la taberna y se encontró con que estaba cerrada. Se maldijo a sí mismo una y otra vez, pero aún así decidió volver al día siguiente. 
Pasados unos meses, tiró la toalla. 
¿Por qué en el momento en el que lo tenía tan cerca, todo se desvaneció? Tenía la respuesta, la misma de siempre. Sí, todo tenía sentido en su cabeza, pero al querer mostrarlo al exterior, siempre se había encontrado obstáculos, las mismas trabas que él mismo se ponía. Otra vez había dejado pasar su tren. 
Ella se había percatado del plan de ataque y, presa del miedo, emprendió rumbo a otro lugar.
-Me he expuesto demasiado -se dijo, la misma noche en que aquella ciudad y el recuerdo de él se desvanecían en el difuso mapa de su vida.

2 comentarios:

Ros dijo...

BRUTAL, BRUTAL!!! gosto da túa escrita perturbada (con hamor)

Nora dijo...

...y el recuerdo de él se desvanecían en el difuso mapa de su vida.