Se había pasado toda su vida pensando en universos paralelos, en las múltiples posibilidades que se habían cruzado en su camino, en lo que podría haber sido y nunca fue. En definitiva, en todo aquello que no había pasado o no había alcanzado por el simple hecho de que había decidido coger otra ruta, otra bifurcación de entre las miles de encrucijadas que habían ido trazando y perfilando su vida.
Tal era así, que llegado el día en el que todo llegaba a su fin, aquella tarde de frío invierno, se dio cuenta de que se había olvidado de vivir...
Y el tren de su monótona existencia llegó inevitablemente a su destino.
1 comentario:
Don't tell me the sky's the limit when there're footprints on the moon.
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