Eres el Joaquín Sabina de mi vida,
una casa sin agua,
un jardín con espinas.
Eres mis temores profundos,
mis noches sin tregua,
mis ganas de huir de este mundo.
Eres un punto de no retorno,
un verano sin playa,
un túnel sin fondo.
Eres la risa y la brisa,
las bromas olvidadas,
un retrato en el medio de la nada.
Eres una habitación cerrada,
un puñado de cartas no enviadas,
mis ganas e ilusiones en una encrucijada.
Eres todo lo que ansiaba,
una mentira mal contada,
un bucle infinito de emociones
que ya no dicen nada.
Eres los versos que escribo,
el tren del olvido,
la pena de no poder compartir nada de esto contigo.
Eres uno de los adioses más amargos,
un nombre con el que me atraganto,
mi lloro, mi llanto.
Eres las ganas de cambio,
las ganas de olvido,
la razón por la que escribo.
Esto no es más que una despedida,
personal, sentida,
qué quieres que te diga,
no te quiero más en mi vida.
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